2 de julio de 2020

Luz en la edad oscura (Cuaderno de cuarentena, y 6)


Miles de kilómetros de tuberías en el interior del centro de datos del condado de Douglas (Georgia).
Fuente: Centros de datos de Google.

Ahora que todavía estamos acostumbrándonos a salir de casa con cierta normalidad, aunque nos pesen las mascarillas, nos abrume el sol y no entendamos muy bien algunas prisas por recuperar rutinas que se han revelado contingentes, pongo fin a este cuaderno de cuarentena con el comentario de una lectura reciente que dibuja algunos trazos del mundo en el que tendremos que vivir y resistir: La nueva edad oscura de James Bridle.

25 de abril de 2020

Los recuerdos en polvo (Cuaderno de cuarentena, 5)

De la ilustración: © Marc Pallarès.
A veces, el presente nace en la última catástrofe: cuando una línea de sombra separa nuestro tiempo del que ha de quedar atrás. Ayer, en la edad de la inocencia, «mirábamos al futuro, o cuando menos a las siguientes cinco o seis horas, y no nos sentíamos demasiado perseguidos por nuestros fantasmas, que compartíamos». Creíamos que seguiríamos siendo los de siempre, que no cambiaríamos o no lo suficiente como para dejar de vernos o al menos de llamarnos, y que en ese mundo que se abría como una flor para nosotros permaneceríamos cerca a pesar de estar lejos.

9 de abril de 2020

Música y letras (Cuaderno de cuarentena, 4)

Estas noches, en las que se nos recomienda dormir un poco menos, son un buen momento para saldar cuentas con lecturas pendientes, como estos dos libros que comparten amor por la música, editorial, traductor, estantería en casa y no pocas afinidades electivas: la primera novela de la escritora californiana Mo Daviau, Lena y Karl, y las memorias del crítico musical bostoniano Rob Sheffield, Vives en las cintas que me grabaste.

30 de marzo de 2020

Regreso a la caverna (Cuaderno de cuarentena, 3)

Por razones que serán obvias, estos días me he acordado de la relectura que hizo Hans Blumenberg del mito de la caverna, que descubrí hace algo más de quince años. En el relato tradicional, como puede verse en la ilustración, unos prisioneros están encadenados en una cueva y solo pueden ver, gracias a la luz de una hoguera, las sombras que proyectan sobre la pared unos personajes que se mueven tras ellos al otro lado de un muro. Como es lógico, toman esas sombras por la realidad. Sócrates nos conmina a imaginar que uno de los prisioneros logra desencadenarse y trepar hasta la salida. La ascensión ya será dura, pero lo será aún más adaptar la vista a la claridad tras tanto tiempo en penumbra. Sin embargo, al cabo el antiguo prisionero se aclimatará al exterior y a la luz solar, metáfora del conocimiento. Entonces querrá volver a la caverna para contar lo que ha aprendido y liberar a los prisioneros. ¿Cómo reaccionarán estos al verlo? Probablemente, se reirán de su recién adquirida ceguera en la oscuridad e incluso, si no deja de insistir en que escapen, tratarán de darle muerte.

19 de marzo de 2020

Das bunte Leben (Cuaderno de cuarentena, 2)

Vasili Kandinski, Kochel — Gerade Straße, 1909.
Hace algunos meses, visité la muniquesa Lenbachhaus. Acudí atraído por su excepcional colección del grupo de artistas Der Blaue Reiter, fundado por Vasili Kandinski y Franz Marc en 1911. Me puso tras su pista una página luminosa de José Enrique Ruiz-Domènec sobre la importancia del color azul en la historia de Europa que, muy resumida, dice así: “Azul es el color de Europa. Está presente en las señales heráldicas de los reyes de Francia, en los rosetones de las catedrales, en los ornamenti que tanto agradaban a Guido Cavalcanti. En los frescos de la capilla de los Scrovegni, en Padua, Giotto convirtió el azul en el punto de partida de una exploración del papel del arte en la cultura europea. La pintura moderna prolongó la propuesta. Picasso situó el azul en el centro de una indagación sobre el desenganche de la sociedad europea de sus antiguas lacras, la miseria, la enfermedad y la guerra; Kandinski lo vinculó a la reflexión sobre lo espiritual en el arte y el significado de Der Blaue Reiter (El jinete azul). Después de 1948, el anhelo de paz se enlazó con el azul, pese a que por entonces el rojo era el color de la revolución y el negro el del expresionismo abstracto; con el azul, Antonioni buscó el misterio de Oberwald y con él Kieślowski pensó la música que debía acompañar a Europa para superar sus heridas; y así el azul se convirtió en el color del consenso, de la unión de lo diverso”.

17 de marzo de 2020

Exilio en Straus Park (Cuaderno de cuarentena, 1)

Jorge R. Pombo, “Paris/New York”, © 2013.

En estos días de encierro, descubro en la New York Review of Books algunos clásicos de su archivo. Me sumerjo en un texto que escribió André Aciman en diciembre de 1997, diez años antes de publicar Llámame por tu nombre. Una anécdota, el vallado y la posible destrucción de un pequeño parque neoyorquino, da pie a una bellísima reflexión sobre la condición del exiliado y la ciudad como espejo del mundo de una vida.

8 de marzo de 2020

New York State of Mind

Franck Bohbot, “The Bay”, Queens, Light on New York City, © 2016.
Cada cierto tiempo, vuelvo a Nueva York con la memoria y la imaginación. Me llevan noticias, canciones, pinturas, fotografías, lecturas y esas dos facultades convergentes que nos permiten ver lo que no tenemos enfrente, ya sea porque ha pasado, ya porque es una fulguración del porvenir. Hace poco cayó en mis manos un texto breve sobre la ciudad que escribió E. B. White en 1948. Descubrí que en 2001 cobró actualidad, tristemente, cuando muchos recordaron este pasaje de repente profético: “Una escuadrilla de aviones poco mayor que una bandada de gansos podría poner fin rápidamente a esta isla de fantasía y quemar las torres, derribar los puentes, convertir los túneles del metro en recintos mortales e incinerar a millones. La intimidad con la muerte forma ahora parte de Nueva York: está en el sonido de los reactores en el cielo y en los negros titulares de la última edición”.

30 de enero de 2020

Seventeen

Sharon Van Etten (Nueva Jersey, 1981) vive en Nueva York desde hace quince años. Tiempo suficiente para percibir las transformaciones de la ciudad y hacer recuento de mudanzas: los barrios remozados de los que tantos han huido por el coste inasumible de la vida, las calles antaño transitadas que ya apenas oyen sus pisadas, los locales que entonces frecuentó y hoy han cerrado, las costumbres y amistades ganadas, perdidas y recobradas; y las generaciones más jóvenes que crecen de espaldas al dorso del tiempo, como si nada anterior hubiera sucedido.

31 de diciembre de 2019

El latido


De pie en el umbral de la puerta, entre dos años como centauros del tiempo. A punto para dejar el lugar desde donde sentimos y explorar la anchura del mundo, la naturaleza del alba, la intensidad de la vida.

31 de diciembre de 2018

Na(ti)vidad


Y recuerdas aquella canción de hace cincuenta mayos, esa voz que cantaba que la primavera en revuelta ―donde se entrecruzaron la palabra y las prisas, la lucha y los sueños, la ceniza y las llamas― concernía a todos y cada uno, aunque no hubieran compartido el deseo, salido a la calle, coreado consignas o buscado la playa bajo los adoquines que soñaban incorporarse en barricadas.