24 de diciembre de 2015

Poneos juntos


Los primeros días del recreo, jugando con la pelota y viajando al espacio en sueños. La bienvenida a los otros, el descubrimiento de lo sublime y de lo bello. Los saltos en la cancha de baloncesto. Los misterios del ajedrez, los meses de agosto y la piscina. Los primeros videojuegos en el barrio de Santa Eulalia. Las maravillas del románico, cuando se levantó la niebla. Las noches de san Juan. Los años rebeldes, la cabaña escondida y aquel concierto que casi me pierdo. El estudio hasta las tantas, la revista del instituto y el placer de la escritura. Ese amor pasajero y esa carta que se llevó el viento. 

La despedida del pueblo, el comienzo de la universidad y aquella noche imborrable. Las pasiones tranquilas, los miércoles de poesía, los jueves de discoteca, las lecturas formativas. El regreso a Albarracín y la ruta por Castilla. Las idas y venidas al purgatorio de Vilafranca, y los domingos al otro lado del ojo de la cerradura. El apartamento en París, aquel autobús nocturno y los títulos de películas que inventamos. Los viajes a Edimburgo, las lecciones de cata, las ostras del lago. Los otoños parisienses, los largos correos, las abarrotadas cocinas, la ribera del Sena, las películas japonesas, el café de los editores, las citas con Bond. El primer croquis de mi tesis y la conversación infinita. Y la pérdida, el duelo y la idea de la ceniza. 

El congreso ovetense y el bulevar de la sidra. Los meses en Zaragoza, la sala de los becarios, la Magdalena y el coso. Los vermuts en Girona, el día de playa anual en Calella, los vinos en Colomers y las escapadas a Empúries. La última cuenta atrás, los martes en Bellaterra, la lectura de la tesis, la celebración con amigos, con profesores, con la familia. Los hallazgos en Huesca, las nuevas rutas y las rutinas. Los nuevos rostros y los lugares, cerca o más lejos, en Bruselas o en Múnich. Las excursiones del caldo, la calçotada, el arroz, el xató, las cerezas y las gambas. Las nochebuenas del Tió, los cumpleaños con canelones, las fiestas con orejuelas, la última final de la Champions, los días de san Esteban, cuando estábamos todos. 

Hoy brillan todos estos recuerdos, incluso con luz oscura, en mi árbol de Navidad. Si lo miro de cerca, veo el color singular de vuestros reflejos. Algunos estáis dentro de una bola, otros de casi todas, pero todos tenéis un lugar irremplazable bajo la estrella que señala mi norte. Por eso deseo que sigáis ahí, y siempre bien. ¿Estáis todos? ¿Sí? Poneos juntos y sonreíd.

Feliz 2016.

De las ilustraciones: © Mery Sales, Trama y Canto a Lara.

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