5 de febrero de 2012

Benvolgut

Encuentro en el último disco de Manel esta canción llamada “Benvolgut”, que literalmente es ‘bien querido’, pero en realidad sencillamente ‘querido’ o ‘estimado’, porque estas son las palabras que se usan en el encabezamiento de las cartas y eso es lo que es la letra de la canción: una carta que el escritor dirige al último amor de su pareja, aquél que llegó antes que él, y ese al que suele llamarse corta y tristemente ‘ex’, recordándolo justo por lo que no es, por lo que ha dejado de ser. Y esa es la letra que reproduzco libremente, como un tributo a su autor y vocalista del grupo, Guillem Gisbert, y como una reflexión incrustada en una historia sobre los estratos del tiempo y sus estragos, y el empeño infinito por evitarlos.

Estimado —le dice—: sé que no nos han presentado oficialmente, pero permíteme suponer que tú ya sabes algo de mí y de las cosas que hago. Yo, lo reconozco, tal vez por cobardía, no he querido preguntar ni llegar a conocerte demasiado. Pero igualmente te voy viendo: en los discos que dejaste —algunos una delicia, otros, qué horror—, en los gestos que aprendió y son tu rastro en su rostro, como esa sonrisa que regala cuando camina a solas por la calle, o en las fotos antiguas que aún guarda en un cajón. A veces las he ojeado, y en ellas os he visto animados y bien jóvenes, aquellos maravillosos años, tan simpáticos e inocentes, pensando que la eternidad era lo único que teníais por delante. 

Y pienso entonces en el daño que debió de hacerte la ruptura, dejar aquella vida y aprender a deshacerte de los futuros que albergaba, pues ¿qué hacer con el tiempo disociado de las promesas que ya nadie cumplirá? Por eso imagino, o me esfuerzo, que entiendo que aún hoy todo se tambalee un segundo —o unos cuantos— cuando un amigo común pronuncia vuestro nombre y por un instante veis el mundo con los ojos del recuerdo. 

Pero quiero creer, y de verdad así lo espero, que todo te va bien, y que incluso cuando te dejas arrastrar por la memoria regresas de la ensoñación con alegría, que no te vence la nostalgia ni quieres volver atrás, porque vas viendo hoy por el mundo cosas que te están gustando tanto que hasta agradeces que entre los dos hicierais posible mi presencia y que creciera escondida: escondida entre mentirijillas aparentemente inocuas, entre pequeñas dudas recrecidas por su propia persistencia, entre los “somos muy jóvenes para tener nuestro futuro decidido, y por tanto cancelado”, y entre “no sé qué me pasa pero quiero respirar”, “necesito tiempo y distancia o pensar”, y al fin por tanto “tenemos que hablar”. 

Sinceramente, querido, me sabe mal si algún día te hirieron mi suerte, mi amor y mis manos, no quiero reavivar el pasado y espero no haberte enfadado. Por cierto, me disculpo de antemano: si alguna vez nos encontramos, me mantendré detrás al margen, con gesto serio y circunspecto, mientras hablas con ella y bromeas, ella se ríe y tú calladamente reivindicas lo que eres. Luego me dirá que te ha visto cambiado, y seguramente envejecido, y yo haré que me lo creo, porque al poco estarás ya tan lejos como los muchachos de los que ella se enamoró en el instituto o el recreo, y por los que quizá lloró en su día pensando que tras ellos el mundo se acababa. ¿Te imaginas que entonces hubiéramos aparecido nosotros y les hubiéramos dicho “chicos, dejad sitio y apartaos, que somos nosotros los que vienen y ya estamos impacientes, cansados de esperar”?

Pero no. No podemos adivinarnos ni saber siquiera cuál será mañana nuestro rostro, no podemos prever qué hará de nosotros el tiempo ni nos sirven los espejos viejos y las miradas prestadas de los años pasados. Pero, por eso precisamente, aún podemos sorprendernos y pensar que tal cosa no nos la esperábamos, o que no nos esperábamos. Porque el asombro se nos aparece de repente en lo que nos es más cotidiano, y la extrañeza familiar es la que guarda la esperanza de que podamos realizar nuestras fugaces intuiciones de otras vidas y de un futuro mejor.

Y con esto me despido. Que la fuerza te acompañe, hasta siempre, adiós y suerte, benvolgut