4 de agosto de 2006

Amor y muerte en el recreo

Después de lo que pasó en la fiesta de graduación, ya no salen de casa, ya nadie las ve. Sólo sus cuatro amigos, prendados para siempre de su belleza, que las observan desde una ventana vecina. El mundo de las cuatro chicas —cuatro hermanas, cuatro ángeles, cuatro espectros— se va contrayendo cada vez más. En un arrebato, su madre incluso les rompe todos sus discos. Entonces se encierran en la habitación de la que sólo saldrán para morir, para suicidarse un año después de que lo hiciera su hermana pequeña.

Esta historia la cuenta, basándose en la novela de Jeffrey Eugenides, Sofia Coppola en The Virgin Suicides, una película que contiene una de las escenas más bellas que recuerdo. Las cuatro están en la habitación pegadas al teléfono. Al otro lado, los chicos acercan su aparato al tocadiscos y les van poniendo las canciones que las alejan de la rutina insonora de su cautiverio. En ese instante, en silencio escuchando el sonido de los vinilos, su pesadilla se transforma en quimera, en sueño, en fantasía. Y las cuatro chicas —cuatro hermanas, cuatro ángeles, cuatro espectros— creen poder volar, salir de la habitación, ver el mundo, volver a sonreír.


En un momento de Casablanca, de Michael Curtiz, Victor Laszlo consigue que la banda del bar de Rick toque La Marsellesa para acallar a los nazis. Poco a poco, todos los presentes se levantan y comienzan a cantar. Yvonne llora mientas corea «Ils viennent jusque dans vos bras»; los ojos de Ilsa se llenan de orgullo. Según refiere Félix de Azúa en su blog, cuando en 1939 Sartre escuchó en la radio de un hotel la música de Blancanieves, escribió:
Ha sido como si una luz se encendiera en mi noche, una promesa de que todo esto acabará un día y volveré a ser humano.
Hace un momento escuchaba Playground Love, el tema central de Las vírgenes suicidas. He recordado que la música era ensueño y esperanza cuando narraba mis amores de recreo —el ángel—; solaz y consuelo cuando quise sobreponerme a un desengaño —la hermana—; promesa y fantasía cuando aventuraba el sueño hecho verdad —el espectro—. El ángel, la hermana y el espectro…: quizá la libertad.